martes 4 de octubre de 2011

Vidas desperdiciadas

La utopía de hoy."Vidas desperdiciadas" es el título de uno de los libros de Zygmunt Bauman, uno de los más reputados filósofos y pensadores del presente. Con vidas desperdiciadas se refiere a las masas de emigrantes que pugnan por llegar pero que se quedan en las puertas del primer mundo, los que mueren en pateras en el estrecho, los que pueblan los parques y los bajos de los puentes de las urbes occidentales, las prostitutas que llenan las calles y las cunetas de las carreteras, los sin papeles, los que residen en descampados y poblados chavolistas, o en vertederos alimentándose de la basura,... La obra de Zygmunt Bauman se trata de una denuncia social contras las infamias de la modernidad, contra las tremendas desigualdades del mundo contemporáneo. Sin embargo, a mi entender descansa en una gran presunción: la existencia de un centro alrededor del cual todo gira. Una vida es una vida desperdiciada cuando no pertenece a dicho centro. Se diferencia entre el adentro y el afuera donde una vida desperdiciada es una vida del afuera. Sobre todo lo que molesta es la conjunción de los dos términos vida y desperdicio, como si el objetivo de una vida humana fuese engrasar los entresijos del sistema.

Por mi parte, y la de otros muchos que están en mi situación, no podemos compararnos a los emigrantes, estamos mucho mejor. Pero según esa definición relativa al adentro y al afuera, también somos vidas desperdiciadas. Es curioso que en este país hay dos clases de parados: los que cobran prestación y los que no. La segunda categoría está conformada en parte por los autonómos, aquellos que no trabajaron para nadie más, que se arriesgaron en montar su propia empresa, pero fallaron, ya fuera por la coyuntura de la crisis u otros motivos. Y sin embargo es curioso que la gran mayoría de las ayudas para encontrar empleo, para seguir recibiendo prestaciones, para obtener becas para seguir estudiando y formándose, incluso subvenciones para montar nuevos negocios, están dirigidos a las personas del primer grupo, las que cobran prestación. En estas condiciones para los autónomos es como la pescadilla que se muerde la cola: intentamos montar una empresa, desistimos, no cobramos prestación, la única manera para hacerlo es trabajar para otros, pero no conseguimos un empleo porque seguramente estas empresas reciban subvenciones para contratar preferentemente a los que cobran prestación. ¿Qué nos queda en estas condiciones? Es tan fácil, y tan irónico, dejar de pertenecer al sistema, alejarnos de ese centro, sentirnos rechazados, caer en el vicio de la autocompasión, deslizarse por una espiral descendente que parece nunca acabar, concebir que tan solo somos un desperdicio.

Ahora bien, ¿por qué atenernos a un centro? ¿Por qué girar en torno a ese centro? ¿Y si la solución en vez de indignarse sea generar un nuevo sistema, producir otro centro y construir un universo polinuclear? Menos hablar y más acción, menos gritar y más construcción excéntrica, desobediencia civil.

1 comentarios:

  1. Respecto al comentario en mi blog; si te refieres al diálogo, no sale en la peli. Una de mis mejores amigas y una servidora nos hacíamos pasar por Thelma y Louise en broma, y así nos hemos quedado :)
    Cuando tenga tiempo suficiente haré un comentario decente sobre tu entrada ;)

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