Hasta en sueños era friki. Cómo se notaba el amor que tenía su subconsciente por el cine. Una secuencia que surgía con recurrencia nada más cerrar los ojos era de repente convertirse en el héroe de la historia, en el soldado que atraviesa las trincheras de un campo arrasado por las bombas, en un aventurero que atraviesa los obstáculos de un templo maldito, en un mago que iba apartando orcos y goblins a base de bolas de fuego y relámpagos, en un James Bond que esquivaba las defensas del palacio para adentrarse en los entresijos de la sociedad secreta.
Sin embargo, del mismo modo era recurrente que una vez atravesaba todas aquellas hordas de enemigos, cuando vencía al enemigo final, a su pesar se despertaba. Y al hacerlo gritaba frustrado. Ahora que había llegado a la puerta que llevaba al pasadizo que guiaba hacia otra puerta precedente a la sala donde encontraría a la persona que le daría todas las respuestas. Ahora bien, supongo que ustedes se estarán preguntando ¿Qué respuestas? ¿A qué pregunta? Ciertamente no lo sabía. Suponía que una revelación, saber cómo terminaba aquello, el final feliz de la película en la que se había adentrado, descubrir el sentido acerca de por qué se había pasado toda la noche luchando contra monstruos oníricos, el sentido de por qué soñaba, de por qué le gustaba el cine, por qué disfrutaba siendo el protagonista de aventuras imposibles, el sentido de la vida en definitivas cuentas. Pero claro, si ni él mismo conocía la respuesta a esa pregunta, ¿cómo lo iba a hacer su cerebro subconsciente? Por eso mismo despertaba, por la vergüenza que sentía aquella mente que residía en el otro lado ante el momento que por fin llegase a ese lugar y al realizar la pregunta lo único que recibiese fuera un silencio ominoso cuyo eco se difuminase en el negro vacío de lo sueños.
Sin embargo, del mismo modo era recurrente que una vez atravesaba todas aquellas hordas de enemigos, cuando vencía al enemigo final, a su pesar se despertaba. Y al hacerlo gritaba frustrado. Ahora que había llegado a la puerta que llevaba al pasadizo que guiaba hacia otra puerta precedente a la sala donde encontraría a la persona que le daría todas las respuestas. Ahora bien, supongo que ustedes se estarán preguntando ¿Qué respuestas? ¿A qué pregunta? Ciertamente no lo sabía. Suponía que una revelación, saber cómo terminaba aquello, el final feliz de la película en la que se había adentrado, descubrir el sentido acerca de por qué se había pasado toda la noche luchando contra monstruos oníricos, el sentido de por qué soñaba, de por qué le gustaba el cine, por qué disfrutaba siendo el protagonista de aventuras imposibles, el sentido de la vida en definitivas cuentas. Pero claro, si ni él mismo conocía la respuesta a esa pregunta, ¿cómo lo iba a hacer su cerebro subconsciente? Por eso mismo despertaba, por la vergüenza que sentía aquella mente que residía en el otro lado ante el momento que por fin llegase a ese lugar y al realizar la pregunta lo único que recibiese fuera un silencio ominoso cuyo eco se difuminase en el negro vacío de lo sueños.

No sabes hasta qué punto te entiendo. Me encanta la entrada, por cierto, y tu blog en general, aún no he encontrado uno que sepa mezclar cosas tan personales con temas tan variopintos sin que quede hecho una farsa total y absoluta, así que lo único que puedo hacer es quitarme el sombrero ante ti, seas quien seas ^^.
ResponderSuprimirQué miedo da tener que enfrentarse a un posible silencio o a que no guste la respuesta.
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