sábado 28 de enero de 2012

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Calor bajo el sol sobre la arena. La piel resplandece mientras se hunde en el desierto. Hay sol pero no hay luz. Los ojos los mantiene cerrados mientras se hunde paulatinamente en tinieblas. Nota su vida pasar ante sí, percibe cientos de existencias transcurrir solemnes en el silencio, como si se trasladase verticalmente hacia una puerta, como si la traspasase y lo único que se distinguiese en la oscuridad fuese su perfil blanquecino y fantasmal sobre él. Bien puede caer el firmamento sobre él que no se inmutará, bien puede vivir todas las vidas de todos los seres que haya habido sobre la faz de la Tierra, que su corazón seguirá vacío y sin materia, y sin sustancia. Un rectángulo, eso es lo que queda del universo, un rectángulo hueco y descarnado, supremo resto congénito de la insolencia del tiempo y del espacio. No hay manera de llenarlo. No hay manera de descifrar su contenido. No entiendo nada, no entiendo cómo ha podido suceder. ¿Es que acaso lo deseábamos? ¿Es que lo íbamos buscando?

domingo 15 de enero de 2012

Le Havre

El nombre de Akis Kaurismaki como director de entrada asusta. Cine de autor, Dios mío, ¿qué hemos hecho para merecer el cine de autor? La etiqueta "cine de autor" suena a Jim Jarmusch, suena a lentitud y espesez congénita, a planos de belleza excelsa que más bien funcionan como imágenes de fondo, a salvapantallas, en plan música ambiental de fondo de esas que ponen en el hilo musical de los centros comerciales.

Pero con Kaurismaki y Le Havre es diferente. Desde luego las imágenes son conmovedoras, la armonía de colores es fantástica, del mismo modo que los esquimales distinguen varias decenas de tonos de blanco, contemplando Le Havre aprendemos a apreciar los azules. Pero contradictoriamente a lo que suele pensarse, que los tonos azules son tristes y somnolientos, se trata de una película cálida. Algo lento y parsimoniosa eso sí, tenemos que recordar que se trata de un autor de reconocido prestigio internacional, pero una película cálida y llena de vida, que al final sales del cine con un enchufe de moral y energía. La historia es sencilla, no voy a contar de qué va, pero precisamente es esta sencillez la que conmueve. Primero sales del cine con un enchufe de moral y energía, y en segundo lugar te preguntas cómo habría tratado cualquier otro director este tema y esta historia. Seguramente de un modo rimbombante y mucho más artificioso, hasta tal punto que te alegras de conocer que existe el nombre de Akis Kaurismaki, y que es un director de cine, aunque haga cine de autor.

sábado 31 de diciembre de 2011

Momento musical del año

The artist

Tareas pendientes antes de finalizar el año, una crítica al film "The artist". Desde luego no esperen una película destinada a trastocar conciencias, a demoler los cimientos del estado del bienestar, o una historia provocativa. Se trata de una película bella, hermosa, principalmente diseñada para alimentar el goce visual y, en ocasiones, también del sonoro. Disfruten de la gesticulación de los actores, de los movimientos sinuosos y rítmicos de los bailarines, de las expresiones de desconcierto y furia de John Goodman, de la relación mediante insinuaciones entre los dos actores protagonistas. Se trata de una película para verla principalmente cuando uno está feliz.

martes 27 de diciembre de 2011

Hasta en sueños

Hasta en sueños era friki. Cómo se notaba el amor que tenía su subconsciente por el cine. Una secuencia que surgía con recurrencia nada más cerrar los ojos era de repente convertirse en el héroe de la historia, en el soldado que atraviesa las trincheras de un campo arrasado por las bombas, en un aventurero que atraviesa los obstáculos de un templo maldito, en un mago que iba apartando orcos y goblins a base de bolas de fuego y relámpagos, en un James Bond que esquivaba las defensas del palacio para adentrarse en los entresijos de la sociedad secreta.

Sin embargo, del mismo modo era recurrente que una vez atravesaba todas aquellas hordas de enemigos, cuando vencía al enemigo final, a su pesar se despertaba. Y al hacerlo gritaba frustrado. Ahora que había llegado a la puerta que llevaba al pasadizo que guiaba hacia otra puerta precedente a la sala donde encontraría a la persona que le daría todas las respuestas. Ahora bien, supongo que ustedes se estarán preguntando ¿Qué respuestas? ¿A qué pregunta? Ciertamente no lo sabía. Suponía que una revelación, saber cómo terminaba aquello, el final feliz de la película en la que se había adentrado, descubrir el sentido acerca de por qué se había pasado toda la noche luchando contra monstruos oníricos, el sentido de por qué soñaba, de por qué le gustaba el cine, por qué disfrutaba siendo el protagonista de aventuras imposibles, el sentido de la vida en definitivas cuentas. Pero claro, si ni él mismo conocía la respuesta a esa pregunta, ¿cómo lo iba a hacer su cerebro subconsciente? Por eso mismo despertaba, por la vergüenza que sentía aquella mente que residía en el otro lado ante el momento que por fin llegase a ese lugar y al realizar la pregunta lo único que recibiese fuera un silencio ominoso cuyo eco se difuminase en el negro vacío de lo sueños.

domingo 18 de diciembre de 2011

Pequeño microcosmos

Sábado al mediodía, y en mi cuaderno de dibujo marco puntos. De momento sólo eso, punteo el papel. Si hago caso a Kandinsky, cada uno de esos puntos resulta de un cruce de rectas imaginarias, suponen el vértice de múltiples ángulos, y como resultado lo que obtengo es un mundo anguloso y duro. Francamente, en estos momentos en los que pretendo añorarte, prefiero recordar a Klee para el cual cada punto corresponde la inflexión de una curva, desde la que disponer el lápiz como un eje de giro con el que poder modificarla. Contemplo la hoja, y lo que visualizo es un pequeño microcosmos imaginario de curvas, de formas suaves y esponjosas. A cada golpe de mi lápiz te reinvento, te convierto en mi cadáver exquisito, en el objeto de mi deseo, en mi reina dionisíaca. Desde ahora te lo digo, en mi imaginación estás compuesta de curvas sobre un papel. Componer un mundo femenino no es tan difícil, sólo tengo que impedir que se conformen ángulos en su interior. Las líneas no se cruzan, se pliegan unas alrededor de otras, en espirales que jamas finalizan en un emplazamiento concreto, que se expanden hacia lo pequeño y hacia lo grande. Tu piel no termina en tus labios, sino que continua en tu garganta y en tu sexo. Podría permanecer durante eones contemplándote y explorándote, y jamás podría llegar a comprenderte del todo. Aunque seas un pequeño microcosmos te compones como si fueras un bucle infinito. Aunque parezcas finita y diminuta como un grano de polvo en el universo, la longitud de tus posibles recorridos es inabarcable.

domingo 11 de diciembre de 2011

Atravesado por las ondas/hordas sociológicas

Acabo de terminar un trabajo de sociología para el Master. Tengo tortícolis a base de no desviar la mirada respecto de la pantalla. Por otra parte, después de leerme no se cuantas teorías sobre la sociedad me encuentro en un estado paranoico expectante. La mayoría de las teorías hablan sobre el poder, sobre las estrategias de dominación que unas clases disponen sobre otras, acerca de los hechos sociales que son hechos exteriores al individuo y que determinan su comportamiento social, que nuestra vida no depende de nosotros mismos sino de la sociedad, que los medios de masas nos manipulan, que el gobierno nos controla y nos vigila a través de dichos medios, que la naturaleza del ser humano no existe en verdad, sino que se constituye en base a lo que designa la sociedad. Salgo a la calle y siento lástima por un mendigo que pide en la esquina, pero en vez de empatizar con él me siento paranoico y me digo que mi lastima es producto de la sociedad que me controla y manipula. Para relajarme me dispongo a leer un libro, me gusta leer un libro, pero nada más optar por uno lo abandono al surgir en mi mente la idea de que no se trata de mí sino de una manipulación por parte de las clases altas lo que me induce a leer con el fin de evitar que proteste mientras lo hago. Me dan a elegir entre una bufanda roja y otra verde, y elijo la verde porque, claro, es lo que me pide la sociedad. Igual hubiera pasado si hubiera optado por la roja. Hace frío en el piso y me voy junto al calefactor en una acción claramente influenciada en las clases altas que han introducido en mi cabeza hueca la idea de que cada vez que siento frío he de buscar el calor. Está claro, todo es social, la naturaleza humana no existe. Mi paranoia no es paranoia sino un comportamiento social, el hecho que al darme un puñetazo en los ojos veo las estrellas, no depende de mí sino que ha sido provocado y motivado por la sociedad.

domingo 4 de diciembre de 2011

Un dios salvaje

Es curioso cómo los acontecimientos tienden a concentrarse, a disponerse paralelos. Precisamente en estos días en los que ando con discusiones sobre el papel de los padres en la educación, da la causalidad que veo "Un dios salvaje", la última de Polanski. Más que una película debe concebirse como una obra de teatro. Sólo hay cuatro personajes en toda la cinta (visibles, después hay gente con la que se habla por teléfono, a la que se menciona pero no está, etc.), nunca salen del mismo apartamento. También la duración, una hora y cuarto. Pero da que pensar. Los cuatro personajes, dos parejas heterosexuales adultas que se reúnen para hablar sobre las causas de por qué uno de sus hijos ha agredido al otro y cómo reconciliar posiciones. Cada uno de estos personajes refleja una posición dentro del panorama actual: la intelectural progresista, el vividor escatológico, la mujer callada con complejo de culpabilidad, el cínico impenitente. Hay hipocresía, hay una extrema falsedad, hay una tendencia a mostrar varias caras. Al final la excusa para montar la reunión, la pelea entre sus hijos, es lo de menos, mostrando la dualidad que vive cada padre y madre en la sociedad contemporánea, entre la de ser alguien cuyo cometido es cumplir sus deseos y aspiraciones individuales tal como lo prescribe la sociedad de consumo, y la imagen que debe dar al mundo de progenitor responsable.